Déjame sosegar mi cobardíaCon la idea feliz de alzar el puño
Y aunque pese el miedo
Por la fuerza hallaras falsa plata y falso cuño.
Déjame mitigar mi incertidumbre
Con el cuento del hombre y sus complejos
Que el esbozo de tu risa y tu entrecejo
Llegara a mi humillación como una lumbre.
Déjame sentirme débil, ya vencido
Déjame que me arrastre en servilismos
Decapitada mi alma en los abismos
Que de allí mismo he de volver erguido.
Déjame solo, pero no me dejes
Deja que sufra, pero no me sufras
Mira la hoguera como me devora
Y aviva el fuego para que no ceje.
. . .Yo, con el mismo Satanás a cuestas,
desde el infierno mismo hacia los astros
He de volar. . . sobre mi propia tumba. Con la vida por diestras y siniestras
. . .Yo, arrancare desde el mordaz pecado la fe de un cristo, el tesón de un árbol,
O perderá vigencia el mismo claustro donde el mismísimo Dios sentó sus años.
José Larralde.
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